Viva la tolerancia cero
A pesar de que los indicadores de actividad delictiva que se usan en nuestro país (denuncias y detenciones mensuales por delitos) indican una baja en la ocurrencia de las transgresiones de mayor connotación social, la opinión pública está lejos de dar por superado el tema.
El Ministerio del Interior ha promovido diversos programas destinados a prevenir y disminuir la comisión de delitos, particularmente los de Comuna Segura y Barrio Seguro. Están en la dirección correcta, atacando por el lado de la prevención, promoviendo las condiciones sociales necesarias para una convivencia social que no haga necesario recurrir a la delincuencia.
Representantes de la derecha, y Joaquin Lavin, de tiempo en tiempo, levantan la bandera de la “tolerancia cero”
Esta política “de mano dura” promovida en Nueva York no incluyó ni aumento de penalidad, ni tratamiento más agravado para los reincidentes (como “la tercera es la vencida” de California) sino que fundamentalmente correspondió a un reenfoque de la administración de las policías. Se hizo responsables (accountable) a cada uno de sus jefes inmediatos del accionar en sus territorios, sometiéndooslos a evaluación permanente, fijándoles metas cuantificables del control y disminución de la delincuencia, evaluando permanentemente sus resultados.
Efectivamente en NY se planteó recuperar los espacios públicos (inicialmente el metro y luego plazas y calles) deteniendo a los pequeños infractores, con el fin de evitar los delitos mayores a través de la recuperación del orden público. Efectivamente también se aumentó la dotación policial y mejoró su equipamiento y capacitación. Pero todo ello en el entendido de que debían cumplirse metas de disminución de la delincuencia muy concretas. Cada dólar adicional gastado en la policía de NY debía significar una consecuente disminución en los delitos y mensualmente cada jefe debía someterse al compstat, una evaluación, mapa a la vista y frente a un panel, del aumento o disminución mensual de los delitos en NY cuadra por cuadra. Se salía al pizarrón y se reprobaba fácilmente. Si al mes siguiente no mejoraban los resultados, no había misericordia con los jefes policiales.
Sabe Ud. cuantos Carabineros hay en su Comuna? En cuanto se aumentó su dotación y recursos, y en cuanto esto ayudó a mejorar los indicadores de delincuencia? Seguramente respondió con tres “no”, y seguramente ni su alcalde sabe ninguna de estas respuestas. ¿Ante quien responde Carabineros? ¿Responde ante Contraloría por el correcto uso de sus recursos? ¿Ante los tribunales ordinarios ante errores de sus oficiales? ¿Ante el Congreso por responsabilidad política? ¿Ante el presidente por el aumento de la delincuencia?. No, no, no y no son las respuestas, si uno recuerda la inamovilidad de los comandantes en jefe, la revisoría interna, los tribunales militares además de los mentados “sumarios internos” del cual nunca se sabe ningún resultado. En cualquier sistema moderno de administración, la gestión se mide por sus resultados y los gerentes son responsables por los mismos. En Carabineros esto no sucede, o más bien cuando aumentan los indicadores de delincuencia sucede “por factores externos” y cuando disminuyen “gracias al eficiente accionar de la institución”. Mire su pagina web, no hay una sola cifra.
No es políticamente correcto criticar el accionar de Carabineros, cuando las encuestas lo muestran como una de las instituciones más respetadas por la población. Tienen un prestigio bien ganado, por sus bajos indices de corrupción si se les compara con los de la región. Pero si vamos a promover “tolerancia cero” y se aumentan los recursos policiales del modo que se ha hecho, por cada peso gastado se debe responder y por cada peso gastado se deben esperar resultados. No debe ser el Subsecretario del interior quien sale al pizarrón, sino el comandante en Jefe de Carabineros a responder por los resultados del presupuesto gastado, y cada Prefecto o Comisario por los recursos asignados al control policial de sus territorios. Queremos transparencia


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