viernes, agosto 08, 2003

Como ser patriota y el petróleo

El ambiente que se vive en el este de Estados Unidos esta mezclado de un extraño grado de indiferencia, tensión y confusión.

Uno esperaría que en circunstancias de esta naturaleza todo el foco de atención se centre en la guerra. Lo está, pero uno esperaría mucho más. Cuando el Presidente Bush se dirigió al país dando el ultimátum a Irak, estaba en un bar cerca de la universidad. Se trasmitía basketball en los televisores. Los dueños del bar interrumpieron el juego para que la gente escuchara a Bush, pero a penas término, todo volvió al basketball. Todos siguen trabajando, no hay actividades suspendidas o compromisos cancelados.
Pero hay tensión. Hay protestas de estudiantes y ONGs. Se ve gente con chapas y carteles en los árboles rechazando la guerra. También gente con cintas en la solapa en señal de apoyo a las tropas. En la escuela de gobierno de Harvard el decano canceló hasta nuevo aviso el servicio de email masivo, donde con una sola dirección se puede enviar a todos los estudiantes. Las discusiones por email habían subido de tono, volviéndose agresivas y llenas de insultos que iban y venían entre quienes apoyan la acción militar y quienes la rechazan. Hay miedo de que se esparzan rumores sobre ataques terroristas u otras situaciones donde los estudiantes corramos peligro.

Claramente el ciudadano corriente no está contento con lo que esta pasando, no celebra la manifestación de poder americano, entienden que la guerra nunca es buena y se está poniendo en riesgo muchas vidas americanas. Están preocupados también por lo incierto del futuro, y lo desconocido de las consecuencias en su territorio. Si van a haber más ataques terroristas o si la guerra traerá tranquilidad. Muchos comparten la acción como necesaria, otros la rechazan abiertamente. Y esto tiene tensionado al país

Hay una pregunta que subyace entorno al conflicto y al ser americano. ¿Qué es ser patriota? ¿Si soy un buen americano, como debiera reaccionar cuando la guerra ya comenzó? ¿Debiera apoyar sin critica al presidente y al gobierno en la acción militar, siguiendo con aplausos sus declaraciones? Claro que no, es una democracia. Pero son mis amigos, familiares, son mis compatriotas que parten a la guerra teóricamente a defenderme a mi. ¿Puedo decir que es ilegal, injusta o inmoral? ¿Debiera vitorear las tropas? Se supone que arriesgan su vida cuidar la mía y la de mis familias. ¿Si no los apoyo, soy antipatriota? ¿Malagradecido?

Esta confusión ha hecho que muchos quienes rechazaban enérgicamente la guerra moderaran su actitud. Marca el tono de las conversaciones en las salas y pasillos. No quieren aplaudir, pero tampoco criticar abiertamente. Están resignados, deseando que todo termine lo antes posible.

No es fácil saber que ocurrirá en el mundo después de esta guerra. Si, claramente, habrá dos grandes damnificados y un solo ganador. La Unión Europea, las Naciones Unidas y Estados Unidos.

Las discusiones previas al conflicto mostraron una vez más la debilidad de la UE cuando se habla de política exterior. Nadie ha escuchado a Javier Solana en estos meses. La división en el seno de la unión europea esfuma, o al menos dilata hasta nuevo aviso, los proyectos de construcción de una verdadera política exterior y de defensa común en Europa que contrapese la hegemonía norteamericana. Esta pasa a ser sólo una bonita utopía. Como dije en el artículo anterior, habrá que esperar a China.

La ONU sufrió un daño muy grave. Su ineficacia para manejar el conflicto hizo más evidente que nunca la debilidad que venia mostrando. Ahora, quedo claro para todos, no es necesario su acuerdo o ni siquiera su consulta para emprender una intervención armada. Pero va a seguir siendo necesaria, sino indispensable, para el periodo post-guerra. Estados Unidos no quiere batírselas solo en la reconstrucción de Irak, y las Naciones Unidas le asegura respaldo y responsabilidades compartidas en la emergencia humanitaria que se producirá luego del conflicto. Esto incluye la alimentación de la población, la asistencia a los refugiados, etc.

Estados Unidos emerge como el gran ganador. Teóricamente disminuye la amenaza de ataques con armas de destrucción masiva, establece un bastión en el medio oriente y teóricamente derrota aliados a la amenaza terrorista. Sin embargo, su gran triunfo es otro bien sabido, el petróleo. El golfo pérsico tiene dos tercios de las reservas mundiales de petróleo y actualmente abastece cerca del 30% del consumo mundial. Estados Unidos importa más del 50% del petróleo que consume. Estados Unidos no sólo asegura su consumo interno, sino que controlando esta energía, queda geopolíticamente blindado frente a otras potencias y consolida su poder hegemónico.

Espero que Estados Unidos no haga esta su política. Lo hizo Bush, pero es difícil que un gobierno demócrata siga la misma lógica. Es más, es muy probable que si Al Gore hubiera ganado las elecciones, esta guerra nunca hubiera sucedido. Pero si Bush continúa, la receta para neutralizar otras "amenazas a USA" -Corea del Norte, Iran- está hecha. Estados Unidos ya era, y ahora consolida, el único gran poder. No le importan las Naciones Unidas o el apoyo diplomático de nadie. Es el poder total, y lo esta ejerciendo para concentrar aun más poder. Hay un viejo aforismo que espero que no se cumpla en este caso: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.